Importancia de los árboles en Sevilla para enfriar la ciudad
Un estudio reciente muestra que enfriar una ciudad no depende solo de plantar árboles; también importa su ubicación respecto al viento. La idea, aplicada a Sevilla, requiere mirar con atención zonas como Tablada, el corredor del Guadalquivir y el arco suroeste.

En Sevilla hablamos mucho del calor.
A veces parece una fatalidad.
Además, el calor está ligado a cómo está hecha la ciudad y a la sombra que ofrece.
También influye cuánto suelo duro acumula temperatura y qué espacios verdes conserva o pierde.
Los árboles en Sevilla moderan ese calor.
Por eso me llamó especialmente la atención una investigación publicada el 14 de agosto de 2026 en Nature Cities.
El estudio plantea una idea que, en cuanto la lees, parece de sentido común.
Pero la clave está en arboles, clima , viento, Sevilla, urbano, espacio.
Dicho de una forma muy sencilla: si el aire entra en la ciudad desde una dirección determinada, las zonas verdes situadas antes de esa entrada pueden ayudar a enfriarlo. Después, ese aire algo más fresco sigue avanzando hacia los barrios urbanos. Es decir, los árboles que contribuyen a bajar la temperatura de una parte de la ciudad no tienen por qué estar exactamente en esa misma parte.
La idea me parece sugerente por una razón muy concreta: nos obliga a dejar de ver la vegetación urbana como un adorno o como una suma de parques y alineaciones de calles. De repente aparece otra lectura. Los árboles forman parte del funcionamiento climático de la ciudad.
Una ciudad no se enfría solo en su interior
Cuando pensamos en árboles y calor, solemos imaginar lo inmediato. Una plaza con sombra. Una calle donde se puede caminar. Un banco soportable a las ocho de la tarde. Todo eso es verdad y sigue siendo importantísimo.
Pero este trabajo amplía el foco.
Los investigadores estudiaron lo que llaman “upwind green”, es decir, vegetación situada a barlovento, en la dirección desde la que llega el viento. Primero modelizaron el efecto en Pekín y Shanghái y después lo probaron también en otras seis ciudades: El Cairo, Houston, Kinshasa, Londres, São Paulo y Sídney.
Fuente complementaria: Springer Nature Communities – explicación del estudio
El mecanismo que describen es bastante claro.
Además, está relacionado con árboles en Sevilla, clima, viento, urbano y espacio.
La vegetación enfría el aire cercano gracias a la sombra y a la evapotranspiración.
Luego, si hay corrientes relativamente estables, ese aire puede desplazarse hacia la ciudad.
El efecto se observa sobre todo después de la vegetación, siguiendo la dirección del viento.
Se va debilitando con la distancia.
En el conjunto de las ocho ciudades analizadas, la estrategia produjo una reducción aproximada de 0,4 ± 0,2 ºC sobre más de la mitad del área urbana. En los modelos principales de Pekín y Shanghái, la reducción en el núcleo urbano rondó los 0,7 ºC.
Fuente: Nature Cities – Overlooked upwind green for urban cooling
No es una cifra milagrosa. No resuelve por sí sola el problema del calor extremo. Pero tampoco es irrelevante. En ciudades donde unas décimas pueden marcar la diferencia entre un espacio soportable y otro hostil, el dato merece atención.
Mirar Sevilla con esta pregunta en la cabeza
En cuanto intenté llevar esta idea a Sevilla, la primera pregunta fue obvia: ¿de dónde entra aquí el aire en verano?
Según AEMET, en el aeropuerto de Sevilla, durante el periodo 2000-2017, en julio los vientos del suroeste superan el 30 % de frecuencia. La brisa del valle alcanza entonces su momento de mayor presencia.
Fuente: AEMET Blog – Por qué el valle del Guadalquivir es la sartén de España
Eso significa algo muy simple: una parte importante del aire veraniego entra en Sevilla desde el suroeste hacia el noreste.
Y a partir de ahí el mapa de la ciudad se mira de otra manera.
Como resultado, si el aire entra desde ese sector, los espacios verdes del arco suroeste y occidental podrían ser importantes.
Además, ya no estaríamos hablando únicamente de su valor paisajístico, ecológico o recreativo.
También podríamos estar hablando de una posible función climática, arboles, clima , viento, Sevilla, urbano, espacio.
Tablada deja de ser solo Tablada
Es imposible pensar esto en Sevilla sin que aparezca enseguida Tablada.
Por su tamaño, por su localización y por su cercanía al corredor del Guadalquivir, Tablada encaja de forma casi inmediata en esa pregunta nueva que abre el estudio: ¿qué pasa si una gran superficie verde se sitúa justo en uno de los sectores por donde entra el aire a la ciudad?
Conviene ser muy rigurosas aquí.
El estudio de Nature Cities no ha modelizado Sevilla. No demuestra que Tablada enfríe la ciudad ni que una actuación concreta allí vaya a reducir automáticamente la temperatura en determinados barrios. No tenemos ese dato.
Lo que sí tenemos es algo distinto, y quizá más útil para abrir la conversación: una evidencia científica reciente que muestra que las zonas verdes situadas a barlovento pueden contribuir a enfriar áreas urbanas situadas después, y una ciudad —Sevilla— cuya brisa de verano entra con frecuencia desde un sector donde Tablada ocupa una posición muy significativa.
No es una prueba cerrada. Es una pregunta urbanística que merece ser tomada en serio.
Y no se trata solo de Tablada
De hecho, reducir esta cuestión a Tablada sería simplificar demasiado.
Si aplicamos la lógica del estudio a Sevilla, habría que observar todo el arco oeste-suroeste. No solo un espacio aislado, sino un conjunto de piezas que podrían funcionar como una especie de red o umbral verde de entrada.
Ahí entrarían, con distintos matices, lugares como la Vega de Triana, el Charco de la Pava, el propio entorno de Tablada, los corredores próximos al Guadalquivir e incluso áreas metropolitanas que están antes del término municipal en la trayectoria del aire.
Y esto me parece importante: el aire no entiende de límites administrativos. No se detiene cuando cambia el municipio. Si queremos pensar de verdad en cómo se enfría Sevilla, quizá tengamos que mirar también lo que ocurre antes de llegar a Sevilla.
En ese sentido, la pregunta cambia por completo.
Ya no es simplemente: ¿dónde plantamos árboles dentro de la ciudad?
Pasa a ser otra: ¿qué relación hay entre la estructura verde del territorio y la forma en que la ciudad respira?
Sevilla ya está pensando en corredores verdes
Todo esto llega, además, en un momento en el que la ciudad ya está hablando de infraestructura verde a otra escala.
En enero de 2026, el Ayuntamiento anunció el impulso del Anillo Verde y Azul de Sevilla y su área metropolitana, una propuesta que contempla aproximadamente 42 kilómetros de corredor y que busca conectar espacios naturales, ejes fluviales y zonas verdes.
Fuente: Urbanismo de Sevilla – Anillo Verde y Azul
Entre los tramos iniciales aparecen conexiones entre el Estadio Olímpico y la esclusa de Tablada, entre Tablada y el Parque Guadaíra, entre Parque Guadaíra y Tamarguillo, y entre este y la Isla de Tercia. El propio planteamiento insiste, además, en la necesidad de una mirada metropolitana.
Fuente: Urbanismo de Sevilla – Anillo Verde y Azul
Leyéndolo a la luz del nuevo estudio, la pregunta casi sale sola: ¿y si esos corredores verdes no debieran pensarse únicamente como espacios para pasear, conectar biodiversidad o recuperar paisajes degradados? ¿Y si también hubiera que estudiar su papel en la ventilación y el enfriamiento de la ciudad?
No tengo una respuesta cerrada. Pero sí la sensación de que sería un error planificar estas piezas sin hacerse esa pregunta.
Plantar árboles sigue siendo imprescindible, pero eso no agota el debate
Hay algo que no conviene perder de vista.
Este tipo de investigaciones puede llevarnos a pensar en grandes estrategias territoriales —y está bien—, pero el calor se vive también a ras de suelo, en lo cotidiano, en el cuerpo.
Una persona que espera el autobús a pleno sol necesita sombra ahí. Una acera sin árboles sigue siendo un problema, aunque exista un gran parque periférico. Un barrio con poco verde seguirá sufriendo una desigualdad climática muy concreta aunque la temperatura media urbana mejore unas décimas.
Por eso el debate no debería oponer una cosa a la otra.
Sevilla necesita árboles en sus calles, en sus plazas, en sus recorridos cotidianos. Necesita sombra cerca de la gente. Pero quizá también necesite pensar de manera más amplia y más estratégica qué función cumplen sus grandes espacios verdes, sus bordes, sus corredores y sus vacíos.
Y quizá necesite hacer ambas cosas a la vez.
La pregunta de fondo
Lo que más me interesa de este estudio no es que venga a decirnos “plantad árboles”, porque eso ya lo sabemos. Lo verdaderamente interesante es que introduce otra forma de pensar la ciudad.
Nos obliga a preguntarnos por dónde entra el aire, qué encuentra antes de llegar a las zonas más densas y qué decisiones urbanísticas pueden alterar ese recorrido.
En una ciudad como Sevilla, esa no es una cuestión menor.
Si una parte del confort térmico urbano depende también de lo que ocurre en sectores como Tablada, la Vega de Triana o el corredor occidental del Guadalquivir, entonces algunas decisiones sobre el suelo dejan de ser solo decisiones de planeamiento, de paisaje o de ocio. Se convierten también en decisiones climáticas.
Y quizás ahí está lo más valioso de todo esto.
No en afirmar, apresuradamente, que ya sabemos cómo enfriar Sevilla. No lo sabemos todavía con ese nivel de precisión. Harían falta estudios específicos, modelización local y una mirada técnica muy detallada.
Pero sí sabemos algo nuevo. Sabemos que el lugar donde plantamos los árboles puede importar tanto como la cantidad. Sabemos que una ciudad puede beneficiarse de zonas verdes situadas por donde entra el viento. Y sabemos que Sevilla, con su calor, sus barrios y sus debates abiertos sobre Tablada y la infraestructura verde, haría bien en mirar esta hipótesis con atención.
A veces una investigación no te da una respuesta definitiva. Lo que hace es enseñarte a mirar de otra manera.
Y eso, en urbanismo, ya es mucho.
Fuentes
- Nature Cities – Overlooked upwind green for urban cooling
- Springer Nature Communities – Overlooked upwind green for urban cooling
- AEMET Blog – Por qué el valle del Guadalquivir es la sartén de España
- Urbanismo de Sevilla – El Ayuntamiento impulsa la creación del Anillo Verde y Azul

